Una polea de acero mecanizado no se juzga solo por el diámetro exterior. Lo que decide si la transmisión gira limpia es cómo quedó el canal torneado respecto al eje y cómo se reparte la masa alrededor de ese eje. Dos poleas del mismo diámetro pueden comportarse de forma muy distinta en la misma línea si una salió con el canal descentrado o con un contrapeso mal resuelto. En fábricas donde varias máquinas comparten estructura, esa diferencia se nota como vibración que sube por los rodamientos y llega hasta la bancada.
El mecanizado del canal define el asiento de la faja. En una faja trapezoidal, los flancos del canal guían la correa y transmiten el esfuerzo por fricción; si el perfil queda con rugosidad o con un ángulo fuera de tolerancia, la faja se apoya de forma desigual y empieza a desgastarse por un solo lado. En una faja plana, en cambio, lo que importa es la planitud de la superficie de contacto y que el borde no presente rebabas que corten el canto. Por eso conviene revisar el acabado del canal antes de montar, no después de que aparezcan marcas en la correa.
La concentricidad es la distancia entre el centro real del canal y el eje de giro. Cuando esa diferencia crece, cada vuelta genera una oscilación radial que se transmite a la faja y al rodamiento más cercano. El efecto se amplifica con la velocidad: a mayor régimen, la misma excentricidad produce una fuerza mayor. En poleas de diámetro grande montadas en ejes rápidos, un descentrado pequeño que en banco parece tolerable se convierte en una fuente de ruido y de fatiga para el soporte.
El equilibrio actúa sobre otro plano. Una polea con masa mal distribuida genera fuerzas centrífugas que empujan el eje en cada giro, y esas fuerzas no dependen del canal sino del reparto del material. En poleas de varios canales o con buje montado, el equilibrio se comprueba con la pieza ya armada, porque el buje y los tornillos de fijación también aportan masa. Si el conjunto queda desequilibrado, la corrección no se resuelve ajustando la tensión de la faja: hay que volver a la pieza.
En instalaciones con varias poleas en línea, la alineación axial y radial merece una comprobación aparte. Un desalineado leve entre dos poleas hace que la faja trabaje torcida y que el canal se desgaste de forma irregular, más rápido en el flanco que recibe la carga. Es habitual encontrar este patrón en máquinas donde se cambió una polea sin verificar la posición de la otra. Antes de dar por buena una transmisión, conviene medir la alineación con la faja montada y tensionada, no solo con las piezas sueltas.
La elección de diámetro, número de canales y tipo de buje responde a la relación de transmisión y al par que debe soportar el sistema. Un buje cónico permite fijar la polea al eje con un ajuste firme y facilita el desmontaje sin golpear la pieza; un buje recto con chavetero es más simple pero exige que el asiento del eje esté en buen estado. En mantenimiento industrial, revisar concentricidad, estado del canal y ajuste al eje en cada parada programada evita que una polea fuera de tolerancia arrastre consigo la faja y el rodamiento.